domingo, 7 de abril de 2019

MejorEsHablar.

Van 8 horas de viaje en auto y todavía faltan alrededor de 10. Me estoy cagando de hambre y por fin encontramos un bar lindo en donde comer algo. Todo el viaje sin señal y sin wifi, entonces apenas llega el mozo le pido la clave del lugar, y me dice "Mejor es hablar". Lo miro con cara rara, "Vos no me vas a decir qué es mejor, vengo de escuchar a mi mamá hablando desde hace 8 horas: que cuando lleguemos hay que pagar la boleta de la luz, que hay que lavar y planchar un montón de ropa, llevar a la gata al veterinario, ir al súper, llevar el auto a arreglar, que no hay plata para todo, que estamos como la mierda y que todo está caro, que así no se puede vivir", todo esto se me pasó por la mente en un segundo, pero solo lo miré. El chabón se ríe y me dice que la clave del wifi es "MejorEsHablar",  y sí, es original y nunca se me habiera ocurrido que se podría llamar así; pero la ingreso igual porque MejorEsHablar las pelotas. Me entran a llegar mensajes: un pelotudo que me responde las historias de Instagram, mis amigas peleándose por no se qué boludez, una amiga de la facultad preguntándome si me voy a presentar a dar un final, un recordatorio de que para la próxima clase tengo que entregar un trabajo. Me lo había avisado el mozo, me lo dijeron, me lo dijo la clave del wifi,  MejorEsHablar.

Espacio de almacenamiento insuficiente.

"Espacio de almacenamiento insuficiente", ese es el cartel que me salta en el celular cada vez que intento descargarme algo. El aparato guarda muchas cosas, demasiadas diría yo: son alrededor de 4000 fotos de pelotudeces (fotos de mis amigas lavándose los dientes, de mis amigas tiradas haciendo nada, de mis amigas comiendo en algún bar, de mis amigas jugando a las cartas, de mis amigas y yo en pedo, de algún que otro chiste pelotudo, de cadenas de oración que me envía la abuela, de capturas a la pantalla de cosas que sube gente que me importa poco y nada, y podría seguir todo el día), también tengo un par de aplicaciones de mierda que me sirven para comunicarme con gente (en su mayoría -si- gente de mierda) y, resumiendo, demás cosas que son innecesarias pero que no borro. Me pongo a pensar que quizá mi celular y mi cabeza comparten muchas cosas en común: ambos almacenan millones de boludeces y llega un punto en el que no entra más nada, que no aguanta. Hay pensamientos, al igual que aplicaciones, que no borro porque no quiero, aunque no me sirven de nada. ¿Por qué? No sé. Pero llega un punto en el que no entra más nada y ahí empiezan a andar mal las cosas, al igual que mi celular, me pongo lenta, me tildo y empiezo a andar como el orto.

Contradicciones del pensamiento.

Mi mente es una máquina de hilvanar dudas y en búsqueda de respuestas surgen millones de contradicciones. No puedo pensar un tema a fondo sin contradecirme, nunca puedo llegar a una conclusión. Todavía no defino si me chupa un huevo o uno y medio. Pero lo que me molesta es que me lo digan, que me digan que vivo contradiciéndome, todo el mundo lo hace. O no. No sé, no me importa. No me rompan los ovarios.

DDT (depresiones de domingo en la tarde)

"Lo que hago en la semana hoy toma venganza". No hay domingo si no hay bajón. No hay domingo si no hay un poquito de nostalgia y de depresión. Se me confunde un toque el concepto de "Domingo", no sé si usarlo para asignarlo a un día de mierda de la semana o simplemente utilizarlo como sinónimo de paja. Tranquilamente podría salir de mi casa e ir a tomar unos mates, unas birras o lo que se me cante el orto; pero me quedo en mi casa, tirada. Creo que de tanto odiarlo lo quiero, elijo vivir el domingo con todo lo que eso implica. Lo necesito para arrancar la semana y el lunes poder sentirme mejor.

Comienzo de nada.

Sábado a la noche, son las 4 de la mañana y mis amigas me dejan en banda para salir. Me vuelvo en remís a mi casa y sola, el remisero me saca tema de conversación. No me interesa hablar, me incomoda la situación, y lo sabe, pero sigue igual. Cualquier cosa es mejor que estar ahí: escuchar a mi vieja quejándose de que no hago una mierda es mejor que estar ahí, tener que fumarme al pelotudo del vecino hablando de su auto es mejor que estar ahí, escuchar a mi amiga hablarme de un boludo es mejor que estar ahí, incluso bancarme un álbum entero de Arjona es mejor que estar ahí. Para colmo llego y el muy pelotudo me cobra por siete cuadras de porquería 100 mangos; los pago con gusto porque, en fin, llegué a mi casa y si me hubiese ido caminando no sé si hubiera llegado bien. Entro, abro una lata de birra, pongo música y escribo algo que probablemente a nadie le interesa, pero uno hace lo que puede con lo que tiene. Una noche de mierda.